La viveza criolla o maneras de saltarse las normas.
Una de las características de la mayoría
de los venezolanos es la viveza criolla. Lo vemos en todas partes, diríamos que
ya es un modus vivendi, lamentablemente, muy difícil, aunque no imposible de
cambiar.
Esta característica del
venezolano no es algo de lo que esté orgullosa, por el contrario, es una
conducta que rechazo y nada me gustaría mas que formar parte de un proceso de
cambio para erradicarla.
Lo he visto en la Universidad
siendo estudiante y luego siendo profesora. Lo vi en mi rol como defensora de
derechos humanos y mas recientemente lo he visto en mi rol como integrante de
la Junta de Condominio en mi edificio.
En mi edificio hay un señor a
quien todos parecen apreciar por ser en apariencia un hombre amable,
colaborador, todo un caballero con las mujeres, aunque a veces pienso que su
amabilidad está más ligada con la idea de ver a las mujeres como inferiores,
esto porque siempre está tratando de ayudarlas a maniobrar en el estacionamiento.
En fin, eso es lo que muestra. No dudo que su apariencia física influya en esta
percepción, es un hombre alto, blanco de ojos claros, no lo he detallado tanto
para saber si son azules o verdes. Ya sabemos como eso ayuda en la percepción individual
mas favorable, que si fuera un hombre negro. Racismo, no digamos que no. El
racismo en Venezuela es una realidad.
Recién llegada al edificio, por allá
en tiempos de pandemia, su hijo era aún un niño en transito a la adolescencia.
Las normas de convivencia en el Edificio prohíben pasear los perros en el
estacionamiento. Por muchas razones, es pequeño y el olor a micciones afecta a
la Conserjería que recibe todos esos olores y además porque hay un parque cerca
donde los perros pueden disfrutar mas de su paseo.
Este vecino mandaba a su hijo a
pasear el perro en el estacionamiento, en horas de la mañana bien temprano o en
horas de la noche. En ambos horarios era visto por varios vecinos. En la noche,
dado el silencio se podía escuchar al perro caminar, al menos yo lo escuchaba. Yo
solía tener perros, por eso para mi el sonido de unas de perro en el asfalto o
el cemento es fácil de identificar.
El horario de la noche, además,
la brisa hacía que el olor a popó de perro volara con facilidad y llegaba a mi
apartamento. Varias veces le solicité que sacara a su perro a hacer sus
necesidades en el parque. Esto lo hacía a través del chat de whatsaap del
edifico. Varias veces lo hice sin lograr respuesta. Ni una disculpa, ni un
mensaje, nada. Un buen día, le tomé la
foto a su hijo adolescente desde el balcón de mi apartamento y la compartí en
el grupo como evidencia de quien era el que paseaba el perro y a qué
apartamento pertenecía.
En ese momento como un energúmeno me amenazó de “llevarme a la LOPNA”. Jamás hubo un reconocimiento de su
responsabilidad al irrespetar las normas de convivencia. Pero hasta ese día
pasearon el perro en el estacionamiento. Yo solo callé, no por temor, pero mi intención
de responder habría sido solo para sacarlo de su ignorancia sobre el hecho de
que la LOPNA es una Ley, no un lugar. Y luego
que, de llevar a cabo su amenaza, solo ‘él y su hijo salían perdiendo. Los
padres tienen responsabilidad penal en las faltas que comenten sus hijos. Porque
los padres son responsables de su crianza y de inculcarles el respeto a las
normas, no ensenarles a violarlas.
Sinceramente, lamento que ese
muchacho crezca pensando que se puede ir por la vida irrespetando las normas e
irrespetando a los seres humanos y, además, no ensenarle que sus acciones
tienen consecuencias.
Este mismo vecino, desde hace
muchos años, inclusive antes de que yo llegara al edificio, maneja y mantiene
dos vehículos de gran dimensión en el estacionamiento. Las normas de
convivencia en el edificio solo permiten un vehículo por apartamento, porque el
espacio es limitado. En una oportunidad, le hice la observación porque además estaciona
de tal manera que bloquea al menos un puesto donde mi carro pequeño, podía entrar
y estacionar. Observé que nadie más en el chat dijo nada, nadie se quejó, nadie
apoyó mi reclamo.
Hace poco me toco conversar con ‘el
sobre esa situación, me toco solicitarle en nombre de la Junta de Condominio
que retire el segundo vehículo que maneja y estaciona en el edificio. Entonces tuve
que escuchar toda una historia de porque el no tiene dos vehículos, pero lo más
sorprendente, fue verlo y escucharlo ir construyendo escenarios de como él podía
hacer para saltarse las normas.
Primero, que el segundo vehículo
no es suyo sino de su primo que no habita el edificio. En primer lugar, el apartamento
es propiedad de la esposa de su primo, pero oficialmente, sigue a nombre de la dueña
anterior. Segundo, el apartamento al que
se refiere no está habitado, pero que su primo dejó ese vehículo ahí y él lo
usa con autorización de su primo.
Las
normas sobre el uso del estacionamiento son muy claras dice: “Los puestos de
estacionamiento no son fijos; SIN
EXCEPCIÓN, SÓLO SE PERMITE ESTACIONAR UN (1) VEHÍCULO POR APARTAMENTO
y debe corresponder al propietario o residente que regularmente habita el
inmueble.”
Entonces,
en vista de que los puestos no son fijos, me planteó que si en lugar de poner
un aviso con el número de su apartamento lo ponía con el número del otro
apartamento no habría problema. Luego me dijo, a entonces yo voy a poner a mi
hijo a vivir en ese apartamento y se acabo el problema.
Entonces
le dije que eso que él estaba tratando de hacer es un ejemplo de viveza
criolla, y me dijo que no. Para él eso no era ninguna viveza criolla. Lo cual
lo hace todo peor, es decir, para el en ningún momento hay un incumplimiento de
las normas, él no logra ver lo erróneo de su conducta. Parece que para él su actuación
es la correcta y quienes estamos mal somos el resto de los residentes del
edificio. Eso, precisamente, es lo mas grave, pensar que no hay nada malo en su
proceder.
Paso
siguiente, la Junta de Condominio le hizo entrega de una comunicación escrita
en la que se le solicitaba el retiro inmediato del vehículo. Lo saco, dejo de
estacionarlo y a las tres semanas lo volvió a meter al estacionamiento.
Agrego
además que en el edificio hay otro residente que estaciona dos vehículos y dos
motos, su argumento es que 'el estaciona dos vehículos porque el otro vecino
estaciona dos camionetas. Bueno, porque es más fácil copiar las malas conductas
que exigir el respeto a las normas.
Es
decir, tampoco medimos como nuestras acciones pueden dar paso a mayores abusos
por parte de otras personas. Muchos van por la vida haciendo lo que les viene
en gana sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus acciones. Repito,
siento mucha lastima por su descendencia que va pensando que esa es la manera
de vivir, irrespetando a cualquiera, incumpliendo las normas.
¿Cómo
lograremos erradicar esta conducta tan arraigada en nuestra cultura? Como
cambiamos como país sino comenzamos por nosotros mismos, esa es la gran
pregunta.
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